Mujeres trabajadoras.

Mujeres trabajadoras.

Por Celina Rodríguez

El sindicalismo es una temática abordada de diversas formas. En todos estos abordajes se utilizan palabras como obrero, proletario, trabajador pero sólo en contadas oportunidades se hace referencia a las mujeres y menos aún a ellas ocupando espacios de importancia en las organizaciones. Mucho más llama la atención que, en la época y las circunstancias que dieron origen a las organizaciones gremiales, no aparezcan las mujeres cuando la historia indica que tuvieron una participación muy activa.

Repasando algunos hechos históricos.

En 1891 estalla en Argentina la primera huelga de trabajadoras del servicio doméstico. Un año después se repite la experiencia y en 1901 y 1904 las mujeres aparecen en mítines anarquistas.  En Buenos Aires y  Rosario las libertarias publican los primeros folletos, entre ellos ” LA VOZ DE LA MUJER ” desde donde se convoca a la mujeres a reflexionar sobre su propia situación y se las llama a organizarse. En el primer número se leía “NI DIOS, NI PATRÓN, NI MARIDO”. Ellas escribían: “Las mujeres son el sector más explotado de la sociedad, Nosotras creemos que hoy en día, no hay nadie en peor situación que las infortunadas mujeres. Las mujeres son doblemente apremiadas: por la sociedad burguesa y por los varones“. Otras trabajadoras como Carolina Muzzilli ya en 1909 se afilió al partido Socialista, lugar desde donde impulsaron mejoras laborales y salariales de los/as menores y mujeres. Promovió el gremialismo femenino y en 1916 fundó la revista “Tribuna Femenina” la cual editó, distribuyó en distintos ámbitos y sostuvo económicamente con su trabajo de modista. Además, emprendió una investigación para recabar información sobre las condiciones laborales de mujeres y niños/as y recorrió talleres, conventillos y fábricas de la ciudad y del Gran Buenos Aires para concientizar a los obreros, y especialmente a las mujeres, acerca de sus derechos. Carolina exploró con minucioso detalle las condiciones del trabajo a domicilio que desarrollaban las mujeres. En sus relevamientos puede retratarse las condiciones de trabajo en lavaderos: “obligadas a trabajar (…) en pisos húmedos, en invierno tiritando de frío y en verano haciéndoseles insoportable la atmósfera debido al vapor de agua que se desprende de los cilindros, son constantemente azuzadas por los inspectores, recibiendo frecuentemente empellones (…) las de la sección planchado, debido a la alta temperatura, en verano se desmayan con frecuencia y lejos de auxiliárselas, el inspector, reloj en mano, comprueba la duración del síncope a fin de que la obrera integre la jornada de labor”. Su mirada se concentra en las cigarreras, costureras así como en las empleadas de comercio que deben permanecer de pie esperando la clientela. También, escribió trabajos sobre el divorcio, la condición de la mujer en la sociedad, la madre trabajadora y el menor obrero.

Las socialistas en 1920 crearon su propia revista “Nuestra Causa”, dirigida por Alicia Moreau de Justo, junto a Elvira Rawson de la  Agrupacion  pro sufragio y Julieta Lanteri del Partido Feminista Nacional. Si bien estas feministas no participaban directamente en los sindicatos, apoyaban las huelgas que realizaban las trabajadoras de gremios compuestos por mujeres: de las obreras del tabaco reclamando por la insalubridad del trabajo, de las fosforeras, de las obreras textiles o de las telefonistas. Además de las demandas especificas de cada gremio, en todos los casos pedían una disminución de las horas de trabajo, un reclamo de todo el movimiento obrero. Las activistas ayudaban a las huelguistas recolectando fondos, repartiendo panfletos, organizando mítines, donde las oradoras alentaban la unidad de las obreras. Estas mujeres feministas anarquistas y socialistas no solo plantearon reivindicaciones sociales de clase, también contribuyeron a levantar consignas de género que junto con distintas organizaciones de mujeres intensificaron la campaña por los derechos políticos femeninos: el derecho a elegir y a ser elegidas.

En general los historiadores e historiadoras del movimiento obrero, pocas veces mencionan la participación de las mujeres en los gremios. Si bien es cierto que los sindicatos organizados no tenían mujeres en su dirección. Esto no quiere decir que las mujeres obreras no hayan participado. Según informes escritos las costureras se agrupaban “para desafiar los abusos de los patrones y los consejos de resignación de los curas“. Una famosa oradora de la época decía “nosotras no vamos a aguantar esto de la rebaja del jornal, porque de rosarios y padrenuestros no se come, nosotras vamos a protestar“. Otro gremio importante fue el de las lavanderas, organizadoras de las primeras sociedades de resistencia y el de las trabajadoras asalariadas en su domicilio o en pequeños talleres. El trabajo de costura era percibido como una extensión de las actividades domésticas de las mujeres y estaba asociado a su femineidad en tanto formaba parte de su educación y de su proceso de socialización (Nari, 2002). Por la realización de este tipo de trabajo, considerado como “complementario” y “descalificado”, las mujeres recibían bajos salarios y trabajaban en condiciones precarias que, en muchos casos, perjudicaban su salud. Entre 1936 y 1943 las costureras tucumanas se organizan en un sindicato y llevanron adelante una serie de huelgas para defender sus intereses. Con el apoyo de la Federación Socialista Tucumana y la Sociedad de Resistencia de Obreros Sastres, en abril de 1936, se conformó la “Sociedad de Obreras Costureras de Confección en General” que, apenas constituida, se declaró en huelga demandando mejoras salariales. Posteriormente, el “Comité de Relaciones Solidarias” declaró la “huelga general en solidaridad” con la protesta de las costureras, paralizando las actividades en la capital tucumana en mayo del mismo año y forzó a los patrones a negociar. Recién en septiembre de 1941 se sancionó la Ley de Trabajo a Domicilio, y Tucumán se convierte en la primera provincia en reglamentarla.

En la década del 40/50, tanto en EEUU y Europa, a partir de la Guerra Mundial, así como en nuestro país hay una gran participación de las mujeres en trabajos fabriles, realizando trabajos poco calificados como es el caso de los frigoríficos. Los sindicatos adquieren gran peso político, en muchos casos mimetizados con el gobierno peronista. En fotos de las épocas se ve a las obreras participando activamente en la vida política, en las calles simbolizadas en la figura de Evita. Hacia 1960 el número de mujeres asalariadas comienza a crecer  en los sectores de servicios. Hay que recordar que en estos años se dan procesos revolucionarios culturales en todo el mundo – sólo por mencionar algunos – el Mayo francés, las luchas anticolonialistas, la píldora anticonceptiva que reivindica el derecho al placer y se separa el placer de la reproducción.  A partir de los setenta, el crecimiento del sector terciario concentra el mayor número de mujeres dándose una tónica diferente en la actividad gremial al surgir grandes sindicatos de servicios (bancarios, empleados de comercio, del Estado, docentes) donde las mujeres se hacen más visibles. La participación de éstas en el mercado de trabajo aumenta sumándose en aquellas organizaciones, aunque las direcciones gremiales siguen estando mayoritariamente en manos masculinas.  Ya hacia fines del siglo XX,  la visibilidad muta en una forma organizativa especial: secretarías y departamentos de las mujeres dentro de la actividad gremial. Sólo algunas mujeres ocupan puestos en la dirección de gremios del sector terciario en general aún en los gremios que son mayoría absoluta las mujeres – como docencia -. Por lo general las circunscriben a puestos en la acción social, turismo, cultura o secretarias de actas; todos espacios en los cuales no se resuelven las decisiones importantes de acuerdos o conflictos sobre las condiciones económicas y políticas de los trabajadores y trabajadoras frente a las imposiciones de los grupos dominantes.

El mundo del trabajo para las mujeres.

Es necesario considerar entonces la realidad concreta del mundo del trabajo en el que las mujeres constituyen el sector más numeroso y más pobre. El 70% de los pobres del mundo son mujeres que realizan el 65% del trabajo mundial, recibiendo apenas el 5% de la riqueza generada. Además el 70% de los contratos temporales están ocupados por mujeres que trabajan mayoritariamente en los sectores más precarizados de la economía percibiendo una paga aproximadamente 30% más baja que los varones por el mismo trabajo. En épocas de crisis el mercado de trabajo tiende a feminizarse, tendencia mundial bien conocida. La recesión que genera la crisis financiera internacional impacta en el empleo a nivel mundial ya que aumenta la desocupación, caen los salarios y hay más trabajo en negro. Las bolsas de comercio se desmoronaron en agosto de 2008 pero las más perjudicadas son las mujeres porque sufren segregación laboral por su condición social y por la división sexual del trabajo. A su vez, “la crisis económica genera una mayor transferencia de responsabilidades desde el Estado hacia el hogar, en perjuicio de la llamada economía del cuidado (hogar, hij@s, ancian@s, enferm@s), con lo cual esta crisis puede menoscabar aún más la condición social de las mujeres” (Sanchís, 2008). La mayoría  de los afectados por el desempleo están siendo y serán mujeres, según diferentes organismos internacionales (CEPAL) y organizaciones no gubernamentales. El cálculo es que por impacto de la crisis mundial el desempleo femenino es hasta ahora superior al masculino entre tres y cuatro puntos porcentuales, en un promedio latinoamericano.

Las luchas.

La lucha de las trabajadoras y trabajadores por lograr mejores condiciones laborales, menos horas de trabajo y aumento de salario fueron muchas y con frecuencia violentas. Los gobiernos respondieron siempre con dureza a los reclamos de la clase trabajadora.

No hay muchos reclamos particulares de las trabajadoras en las luchas históricas pero se han conseguido leyes en contra del acoso sexual o contra la violencia institucional. En algunos gremios se han mantenido reivindicaciones parciales como el periodo post partos (que sigue siendo exclusivo para las mujeres, y ¿para los padres?), la lactancia o los jardines maternales (siempre escasos para las demandas). Sólo esta breve enumeración de momentos de las luchas de los trabajadores y trabajadoras muestra la escasez de estudios sobre la actividad de las mujeres en las organizaciones gremiales. Se ha abordado el estudio del movimiento obrero, desde sus orígenes, tomando trabajadores/y trabajadoras en un mismo contexto y con una misma problemática, apoyados por lenguajes universales

Los sindicatos se constituyeron como organizaciones para la defensa de los trabajadores, sin embargo, el trabajo de las mujeres, con su particularidad, no es considerado o lo es sólo de forma parcial. El trabajo de las mujeres caracterizado por no agotarse con las horas de labor en fábricas, oficinas, hospitales, escuelas, es decir, en las horas trabajadas por un jornal. El trabajo que ellas realizan -aunque casi no se lo considera trabajo- continúa en largas horas de labores domésticas y de cuidado de los hijos o parientes enfermos. Las organizaciones gremiales jamás consideran el trabajo del ama de casa, ni la doble jornada de las trabajadoras asalariadas. El sindicalismo apenas se interesa por el trabajo asalariado de las mujeres porque muy pocas veces toma en cuenta los menores ingresos que perciben las trabajadoras y sus especiales condiciones de trabajo. Aunque la mayoría de las mujeres no encuentra espacio en las rígidas estructuras del sindicalismo hay, de hecho, un número creciente de ellas interesadas en la actividad gremial y hay muchísimas pruebas en las miles de activistas de base participando por mejores condiciones laborales, aumento salarial, inclusión democrática en gremios, formando parte de cuerpos de delegados, junta internas y listas de oposición a la burocracia sindical. Pero una golondrina no hace el verano. Todavía falta mucho para una participación activa de las mujeres en la vida sindical. No sólo es la participación de algunas mujeres en la dirección de los gremios el factor determinante de cambios en la situación de las trabajadoras. El tema es más complejo y será eje de discusión en los próximos años tanto para trabajadoras y como trabajadores al debatir sobre la dinámica actual de la forma sindical, con listas sabanas, con mandatos eternos y rotaciones entre los mismos, sin participación de las minorías, sin contener los problemas de género y la pregunta es: ¿nos sirve este sindicalismo para acceder y mantener nuestros derechos y para mejorar nuestras condiciones de vida? Las nuevas prácticas y definiciones que vamos teniendo, las cuales surgen de nuevas construcciones nos irán dando la respuesta. Habrá que reformular los presupuestos clásicos sobre las organizaciones gremiales, para de esta manera poder incluir a las mujeres activistas y luchadoras como protagonistas.

Fuentes.

La Voz de la Mujer, Revista feminista anarquista.

Moreau, Alicia. Revista Nuestra Causa. 1920.

Sobre las huelgas obreras en la primera mitad del siglo XX, Diario La Vanguardia.

Henault, Mirta. Capacitación Política para Mujeres, compiladoras Maffia y Kuschnir.

Miralles, Glenda Entre la casa y el galpón ¿hay lugar para el sindicato? Las mujeres en el Sindicato de la fruta en el Alto Valle de Río Negro (1950-1996), PubliFadecs, General Roca, Río Negro, 2004.

Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA) Informe sobre Género y Derechos Humanos (2005-2008). Vigencia y respeto de los derechos de las mujeres en Argentina, Buenos Aires, Editorial Biblos, 2009.

Ullivarri, María y Partenio, Florencia “Las costureras que dieron aquellos pasos… Imágenes de género y acción colectiva en las huelgas de las trabajadoras a domicilio en Tucumán. 1936- 1943”, VIII Jornadas Nacionales de Historia De las Mujeres, Córdoba, Octubre de 2006.

Representatividad sindical: El gremio frutícola.

Sí. Hubo y hay lugar para el sindicato entre la casa y el galpón” Aun así, y pese a que las mujeres representan  más de la mitad del padrón de afiliados del Sindicato Obreros de la Fruta de Río Negro y Neuquén, sólo en una oportunidad una mujer quedó a cargo de la representación  de los trabajadores del sector. El sindicato había sido dirigido pendularmente por peronistas o comunistas varones. Independientemente de la ideología se ha ajustado a pautas conservadoras a la hora de compartir los espacios de decisión con mujeres. Sólo en una oportunidad y por una circunstancia fortuita – el Secretario murió en un accidente automovilístico – el sindicato quedó en manos de una mujer, Telma León. Su gestión duró cuatro años (1992-96) y se convirtió en un caso emblemático debido a la ausencia de liderazgos femeninos en las expresiones sindicales agrarias.

“Si ves las actas del sindicato notas que las mujeres se dedicaban a tareas menores, como ser secretarias de actas o integrantes en las comisiones de fiesta. Hay un claro traslado de tareas femeninas al ámbito de lucha. Fue muy difícil reconstruir esta realidad desde el documento escrito”, dice la historiadora Glenda Miralles

Fuente: Miralles, Glenda Entre la casa y el galpón ¿hay lugar para el sindicato? Las mujeres en el Sindicato de la fruta en el Alto Valle de Río Negro (1950-1996), PubliFadecs, General Roca, Río Negro.

Maternidad y licencias.

La fuerza laboral femenina está en aumento y está integrada mayormente por madres: el 61,2% de las madres argentinas están involucradas en el mercado laboral. Aún cuando la OMS (Organización Mundial de la Salud) recomiende la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses en nuestro país las madres deben regresar a sus puestos de trabajo antes de los tres meses de vida del bebé. Quienes más sufren las desigualdades son las empleadas del servicio doméstico, un sector que “carece de normas sobre protección de la maternidad y lactancia; por lo que respecta al empleo en el sector privado, están previstos dos descansos de media hora por jornada para que la mujer amamante al niño (el beneficio dura un año); en el sector público, en cambio, se prevé el ‘horario de lactancia’, es decir, un descanso de una hora, que puede disponerse negociadamente entre empleada y empleador. Esto significa que la legislación argentina sólo protege la lactancia materna para el 39,9% de las madres que trabajan en el sector formal –público y privado–, mientras que el 60% restante queda fuera de esas normas, ya sea por trabajar en el sector informal –39,7% de las madres– o por desempeñarse en el servicio doméstico –20,4%–”.

Fuente: Lupica y Cogliandro, Observatorio de la Maternidad (http://www.o-maternidad. org.ar), octubre 2009.

Informe sobre género y derechos humanos (2005/2008).

Según datos del INDEC de 2006, la desocupación entre las mujeres llegaba al 15% contra el 8.7% de los varones. El 55% de las mujeres trabajan en el sector informal, contra el 46% de los varones. Dentro del 30% de los hogares más pobres, casi el 77% de las mujeres se encuentra en situación de vulnerabilidad laboral (sin ocupación, con empleo precario o con programas de asistencia social). El porcentaje de mujeres ocupadas que están en situación de pobreza supera el 20% en el NEA y NOA, mientras que en el Gran Buenos Aires llega al 11% y en la región Patagónica al 6%. El servicio doméstico representa el 31% del trabajo femenino en el sector privado (llegando al 41% en el Noreste argentino). El 82% de ese empleo doméstico no estaba registrado en 2006. La brecha salarial entre varones y mujeres ha aumentado en 2006. En 2006, el ingreso de las mujeres era el 70% del ingreso de los varones. De acuerdo con datos del Ministerio de Trabajo, las mujeres constituyen el 60% de las víctimas de violencia (sexual, psicológica o física) en el ámbito laboral.

El trabajo demuestra que la persistencia de las situaciones de discriminación contra las mujeres en el mercado laboral es alarmante. Estas discriminaciones se evidencian en las tasas diferenciales de inserción de las mujeres y en las condiciones de inserción laboral (informalidad, subocupación, desocupación mayor que los varones, menor cantidad de beneficiarias del seguro de desempleo y sin cobertura de seguridad social). Además, para las mujeres los problemas no están solo vinculados con el momento de ingresar a un empleo, sino que perduran a lo largo de toda su trayectoria debido a situaciones de discriminación y mecanismos de segregación laboral vertical y horizontal.

Mientras que las mujeres han incrementado su participación en el mercado de trabajo, los varones no han aumentado en forma correlativa su participación en las responsabilidades familiares y de cuidado.

Por otro lado, la sobrecarga de trabajo reproductivo y las responsabilidades familiares afectan a todas las mujeres, puesto que ellas han incrementado su participación en el mercado de trabajo pero los varones no han aumentado su participación en las responsabilidades familiares y de cuidado. (Informe sobre Género y Derechos Humanos (20052008).

Perjudicadas por partida doble: mujeres jóvenes.

Una de cada tres personas desocupadas tiene entre 18 y 24 años. Los  cálculos del Ministerio de Trabajo revelan que la situación encierra al 21,6% de esa franja, pero mientras que entre los varones el nivel de desempleo llega al 19%, a las mujeres las perjudica en un 31%. Los especialistas dicen que “la principal razón de ese cuadro social es la baja preparación educacional, tanto de los que no terminaron la secundaria como de los que la finalizaron en una institución situada en una zona poblada por clase media baja o baja. A esto se agregan los bajísimos salarios que se ofrecen”.  La Encuesta Permanente de Hogares (EPH) correspondiente al último trimestre de 2007, indica que el 16,4% de las mujeres menores de 29 años no tiene trabajo. La tasa duplica a la de desempleo general, del 7,5 por ciento%

Si bien cada vez más mujeres se incorporan a la fuerza de trabajo, la gran mayoría pasa directamente a engrosar las filas de los trabajadores de menores recursos. Lo notable es que, pese a todos los sectores que la observan y analizan, la crisis se mantiene estable desde los noventa. Entonces, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicó un seguimiento de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer (Pekín, 1995) y de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social (Copenhague, 1995), donde se advertía sobre la precariedad laboral que hoy se derrama sobre millones de mujeres. “La discriminación ocupacional por motivos de sexo sigue siendo un fenómeno importante en todas las regiones del mundo, independientemente de su nivel de desarrollo.” Trece años después, la actual directora de la Oficina para la Igualdad de Género de la OIT , Evy Messell, debe seguir convenciendo a primeros y terceros mundos por igual de que “las sociedades no pueden permitirse ignorar el potencial de la mano de obra femenina para reducir la pobreza. Darles a las mujeres igualdad de condiciones en el lugar de trabajo es un derecho para ellas, un bien para todos”.

Fuente: Roxana Sanda, Suplemento Las 12, diario Página/12 (2008).

Fuente: Suplemento Las 12, diario Página/12 (2009).

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