Corolario del neoliberalismo :: Mariano Féliz

“Corolario del neoliberalismo”

Por Mariano Féliz :: Miembro del Centro de Estudios para el Cambio Social :: Investigador CONICET :: Docente UNLP

Artículo aparecido en el periódico Página/12 (16 de marzo de 2009)

La actual crisis mundial tiene su origen aparente en una crisis financiera. Sin embargo, es el corolario del neoliberalismo -un proceso de reestructuración de la economía mundial- que avanzó con fuertes resistencias populares desde los años 70. Esta crisis golpeará a todos, pero en la periferia el impacto será mayor allí donde la tras-nacionalización de sus economías haya avanzado más.
El capitalismo choca hoy en día contra una pared por su propia lógica: producir cada vez más, a un valor (costo privado) cada vez menor, para el consumo de una proporción decreciente de la población. Se produce más que nunca pero miles de millones en el mundo siguen pasando hambre.
La presente crisis potencia los costos sociales del capitalismo (incluidos la destrucción del medio ambiente y el saqueo de las riquezas naturales). Estamos frente a una crisis ambiental y civilizatoria, además de económica; una crisis que pone en cuestión el conjunto del capitalismo como única forma de desarrollo, además del propio concepto de “desarrollo” y los parámetros para medirlo.
En este contexto, la crisis es un instrumento de los sectores dominantes para intentar consolidar su posición a costa de las mayorías. Mientras en la etapa de crecimiento el capital avanzó precarizando nuestras vidas, a través de la crisis profundiza esas tendencias como medio para superar sus límites. Por eso arremete primero con suspensiones y despidos, rebajas salariales y el cese de contratos; luego le siguen los cierres de empresas en perfectas condiciones técnicas para producir. Estos no son “efectos de la crisis” sino -más precisamente- acciones deliberadas de empresarios y gerentes para no perder dinero y trasladar el costo a quienes ninguna responsabilidad tienen (los trabajadores y trabajadoras). Atravesamos una crisis del capital, es decir de una forma de producir sólo aquello que es rentable sin atender a las necesidades sociales insatisfechas.
Frente a la incertidumbre política y la agitación social, atravesamos –nuevamente- una crisis del pensamiento hegemónico que no puede dar las respuestas (teóricas y prácticas) necesarias. Cuando la “mano invisible” parece no alcanzar, los sectores empresariales más concentrados demandan mayores subsidios y nuevos apoyos de ese Estado que en “tiempos normales” prefieren negar. En tiempos difíciles olvidan sus prejuicios y diferencias sectoriales para crear un frente único contra el pueblo trabajador, exigiendo que se garanticen el orden, la “competitividad” y la “moderación” de los reclamos populares.
Frente a la crisis de las ideologías del capital en tiempo de auge (el liberalismo) se fortalecen las posiciones desarrollistas que pretenden reubicar al viejo Estado (capitalista) en el centro del desarrollo (del capital); no hay novedad en esto. El par liberalismo-keynesianismo es parte de la artillería ideológica de los sectores dominantes pues no propone nada que cambie –de fondo- la dinámica de la crisis (las relaciones sociales que la sustentan y expanden) y proteja al conjunto del pueblo trabajador.
Este presente re-actualiza la necesidad de proponer e impulsar alternativas que apuntalen un cambio social profundo frente a un sistema de producción social que siempre carga los costos de “su” desarrollo sobre el conjunto del pueblo. Estas opciones pueden resumirse en unos pocos ejes.
Por un lado, medidas que protejan a los sectores más vulnerables de la población de los “efectos” inmediatos de la crisis. Por ejemplo, la suspensión de los despidos por dos años, la creación de un ingreso universal equivalente a la canasta básica -comenzando por la elevación inmediata de los planes sociales (Jefes y Jefas, Familias)-, el aumento de emergencia en salarios y jubilaciones y la creación de tarifas sociales para los servicios y el transporte públicos. Debe agregarse la protección pública y promoción con créditos y subsidios de las experiencias de recuperación de empresas por sus trabajadores/as y los emprendimientos autogestivos y cooperativos.
En segundo lugar, un conjunto de medidas que contribuyan a mejorar las condiciones del hábitat de los barrios populares a través de un programa de obra pública dirigido a la provisión de servicios sociales básicos (agua, cloacas, luz y gas, servicios médicos, escuelas, hábitat comunitario).
Por último, un programa de socialización de la producción estratégica (empezando por energía, transporte, comercio exterior y banca) bajo propiedad pública con gestión de trabajadores y usuarios, acompañado por una reforma tributaria que rebaje el IVA a los productos básicos y acreciente la carga impositiva de los sectores de más ingresos.
Este –incompleto, perfectible pero realizable- conjunto de medidas de emergencia permitiría no sólo proteger a los sectores más vulnerables del pueblo frente a la profundidad de la crisis y favorecer la recuperación económica, sino que posibilitaría avanzar por un camino de cambio social que trasforme la organización de la producción y la distribución de la riqueza.

Rebajar el IVA :: Ismael Domian

“Rebajar el IVA”

Por Ismael Domian :: Miembro del Centro de Estudios para el Cambio Social

Artículo aparecido en el periódico Página/12 (2 de febrero de 2009)

Periódicamente vuelve a la agenda pública el debate sobre la necesidad de reformar el sistema tributario argentino con el fin de hacerlo más progresivo. Hoy en día, cuando es evidente que las políticas económicas son continuidad del modelo anterior y la pobreza estructural supera el 25 por ciento de la población, se torna urgente superar la etapa de discusión y comenzar a tomar medidas urgentes, que incluyen la política tributaria pero la exceden. Reconociendo la complejidad del tema, está claro que la realización de ciertos cambios puntuales que provoquen avances en la materia no requieren mucha discusión sino que sólo hace falta decisión política para llevarlos adelante.

Al analizar el impacto del sistema impositivo argentino en la distribución del ingreso resulta ineludible hacer mención a los dos tributos que más aportan a las cuentas públicas: el IVA (Impuesto al Valor Agregado) y el Impuesto a las Ganancias.

En relación con el primero, su carácter de regresivo (pagan más los que menos tienen) está dado por el hecho de que es un impuesto indirecto que recae sobre el consumidor, es decir que la carga tributaria es transferida a todas las personas que gastan sus ingresos para adquirir bienes y servicios. Cuando una familia trabajadora compra sus mercaderías básicas en el mercado del barrio paga un 21 por ciento de IVA. Si un empresario o un gerente compra productos electrónicos de alto costo en un comercio en un shopping, paga la misma alícuota. El IVA es un impuesto al consumo. El más pobre y el más rico pagan la misma tasa o alícuota.

Si bien no se puede pensar en la eliminación del IVA, al menos en el corto plazo, debido a que dicho impuesto representa cerca del 35 por ciento de los ingresos tributarios nacionales de acuerdo con las proyecciones del Presupuesto 2009, sí se pueden pensar en medidas que reduzcan la carga impositiva sobre los sectores de menores ingresos.

Por ejemplo, algunos estudios muestran que la eliminación del IVA a los productos de la canasta básica alimentaria permitiría bajar sus precios un 16 por ciento, es decir que los más pobres podrían consumir alrededor de un 20 por ciento más de productos de primera necesidad. Si bien tal medida no resolvería el problema de la pobreza y el hambre, sería un paso en esa dirección debido a que, de acuerdo con los datos del Indec, más de 2 millones de personas dejarían de ser pobres (entre ellos 650 mil niños y niñas).

Pero si desde el Estado no se controla a las grandes empresas formadoras de precios y desde las organizaciones sociales no se ejerce presión directa sobre las empresas y el Estado, tal vez la rebaja del IVA no reduzca los precios sino que les permita a las empresas aumentar sus ganancias. Teniendo en cuenta los datos del 2008, el costo de esta propuesta sería de entre 4000 y 9000 millones de pesos. Es decir, solamente el 4,5 por ciento de la recaudación total o el 1,1 por ciento de todo el ingreso generado en el país en un año.

En relación con el Impuesto a las Ganancias, su carácter progresivo (pagan más los que más tienen) está dado por el hecho de que es un impuesto directo que grava las ganancias generadas por empresas y las manifestaciones directas de riqueza de las personas. Una característica que hay que resaltar en la estructura tributaria actual es que los intereses de los depósitos bancarios, títulos públicos y obligaciones negociables no pagan impuesto a las ganancias. La eliminación de esa exención permitiría recaudar alrededor de 5000 millones de pesos, monto que se incrementaría ampliando dicha eliminación a la exención vigente en el impuesto a los bienes personales por depósitos bancarios y títulos públicos.

La eliminación del IVA a los productos de la canasta básica alimentaria junto a la desaparición de las exenciones mencionadas en el Impuesto a las Ganancias implicarían modificaciones en el sistema impositivo argentino tendientes a reducir su carácter regresivo, sin generar un impacto presupuestario significativo. Es decir que la decisión de no avanzar en este sentido y sí, por ejemplo, de eliminar la “tablita de Machinea” (que “perjudicaba” al 5 por ciento más rico de los asalariados: funcionarios públicos, gerentes de empresas, etc.) es una decisión política que marca la orientación general de la política fiscal.

Por otra parte, mientras que las medidas fiscales que reducen la carga impositiva a los sectores medios-altos favorecen básicamente la compra de dólares, en la actual coyuntura las medidas mencionadas tendrían un impacto directo sobre el consumo popular. De esa manera, la rebaja del IVA a los productos de la canasta básica no sólo mejoraría la calidad de vida de millones de personas sino que tendría un impacto macroeconómicamente expansivo.

Oscurantismo neoclásico :: Mariano Féliz

“Oscurantismo neoclásico”

Por Mariano Féliz :: Miembro del Centro de Estudios para el Cambio Social :: Investigador CONICET :: Docente UNLP

Artículo aparecido en el periódico Página/12 (19 de enero de 2009)

El capitalismo atraviesa su mayor crisis en años. Si las consecuencias sociales del neoliberalismo desgastaron su legitimidad, el actual panorama de descalabro ha terminado de derrumbar el aura de que gozó la teoría económica neoclásica, en especial durante los años ’90. La crisis de 2001 ya había minado el “prestigio” político de esa corriente de pensamiento, que sirvió de sustento teórico a las reformas neoliberales. Hoy, el rey está desnudo y no queda más que buscar en otras fuentes para dar cuenta de la realidad.

Siempre hay quienes se niegan a reconocer que han estado equivocados o, al menos, que sus aprendizajes y enseñanzas tienen un limitado poder analítico. No es novedad que las universidades privadas sean núcleos de difusión de lo más rancio del neoliberalismo. Sin embargo, es por lo menos paradójico que en la mayoría de las universidades públicas también perviven inmutables departamentos de Economía que reniegan de la necesidad de abrir los planes de estudio y los perfiles de la formación de los economistas. Ejemplos de esto son los departamentos de Economía de las Universidades Nacionales de Salta (UNSa), La Plata (UNLP) o Buenos Aires (UBA).

Lejos de reconocer las limitaciones de sus conceptos, enfoques e instrumentos, pretenden sostener y consolidar planes de estudio que en lugar de promover una formación integral, fortalecen una baja en los contenidos y la reducción de las carreras a tecnicaturas de hecho. Los estudiantes no pueden seguir siendo obligados a (de)formarse a partir de planes de estudio que profesan, cual dogma de fe, la llamada economía neoclásica.

Esos planes de estudio carecen del elemento básico de la actividad universitaria: el pluralismo de ideas. Profundizando una cerrazón teórica en torno del neoclasicismo, ubican en un lugar marginal o niegan por completo otras corrientes de pensamiento, como las marxistas o estructuralistas. Esta negación contribuye a formar profesionales incapaces de entender el mundo, privándolos de la posibilidad de conocer las opciones teóricas más importantes, sus fundamentos y límites.

Esto atenta contra el pluralismo básico en la construcción de una sociedad democrática y cuestiona el carácter científico de esa formación. ¿Qué puede decirse de una corriente conceptual que no se atreve a debatir con las otras? Una formación unilateral (neoclásica) sólo puede favorecer el oscurantismo y una práctica profesional y científica que buscar reproducirse antes que atreverse a enfrentar su negación. Los economistas son obligados a reproducir el statu quo de una profesión que necesita urgentemente abrirse al pensamiento crítico si quiere evitar reducirse a una mera creencia.

Las propuestas de reforma que impulsan hoy mismo en universidades nacionales tales como la de La Plata, avanzan en el recorte de contenidos, reduciendo el número de años de las carreras y, con ello, eliminando materias como la sociología o la historia argentina y latinoamericana. ¿Qué busca un cambio que profundiza una formación abstracta, acentuando los contenidos técnicos y desplazando aquellos que la fundamentan teórica, histórica y conceptualmente? ¿Qué objetivo tienen estas reformas que se niegan a introducir no sólo otras corrientes de pensamiento sino aquellas materias que permitirían una reflexión crítica sobre la misma ciencia? Esas reformas avanzan en reducir al economista político (consciente de los límites de sus saberes y del posicionamiento político que asume en su práctica intelectual) a mero “técnico en economía neoclásica”, un hábil manipulador de datos y herramientas técnicas, pero incapaz de asumir las implicancias y consecuencias sociales y políticas de las respuestas que esas herramientas producen, e incompetente para cuestionarlas.

Es realmente incomprensible que frente a la crisis del paradigma neoclásico en todas sus vertientes, en muchas de las universidades se pretenda imponer por la fuerza (evitando el debate democrático y la participación amplia de la sociedad) reformas de los planes de estudio que antes que desarrollar la capacidad de reflexión crítica, plural, científica y ligada a la realidad y necesidades de nuestro pueblo, apuntalan una formación técnica, reduccionista y dogmática.

Estos intentos de sostener planes de estudio que niegan la realidad de un neoliberalismo que muestra sus límites prácticos (y en otros casos como en la UNLP, donde las autoridades quieren imponer verdaderas contrarreformas neoclásicas) están siendo enfrentados por un creciente número de docentes, estudiantes y graduados. En la UNLP, por ejemplo, se está impulsando una amplia campaña para conseguir una reforma de los planes de estudios que garantice la pluralidad teórica e ideológica.

Es cada vez más evidente que en una sociedad democrática con vocación de avanzar en la resolución de sus acuciantes problemas, no puede haber una verdadera formación universitaria sin planes de estudio basados en el pensamiento pluralista y crítico.

Nuevas y viejas prácticas organizativas de l@s trabajador@s frente a la precarización

Como resultado de las reflexiones surgidas de las 2das Jornadas “Universidad y Movimiento Obrero”, realizadas en la Universidad Nacional de La Plata durante 2007, editamos este libro. El mismo fue resultado del trabajo conjunto del CECSO, la agrupación de trabajadoras y trabajadores La Fragua en el Frente Popular Darío Santillán (organizadora del evento) y la editorial El Colectivo.

Pedilo a: cecso.argentina@gmail.comlibrocecso1

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